lunes, 17 de junio de 2013

La boda de Rosá Clará y Josep Artigas


La boda de Rosá Clará. La diseñadora de moda nupcial Rosa Clarà contrajo matrimonio el sábado por la tarde en Barcelona con el empresario Josep Artigas,con un traje de novia que ella misma ha diseñado, de color gris perla y una ligera inspiración en los años treinta.

El alcalde de Barcelona, Xavier Trias, fue el que ofició la ceremonia civil por la que Rosa Clarà contrajo matrimonio en el Saló de Cent del edificio consistorial, con su hijo Daniel como padrino.

La novia, de 50 años, ha sido la diseñadora de su propio traje, un vestido que se ha confeccionado en "crepe" de seda natural en los talleres que la firma de moda nupcial que lleva su nombre tiene en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelona). El vestido, de mangas largas y cuello de caja, causa un efecto de sencillez y sobriedad que la diseñadora ha querido romper con un motivo de pedrería perlada que le rodea la cintura, desde las caderas hasta la espalda, y que se repite en los puños. En cuanto al resto del atuendo, la diseñadora optó por la sencillez más absoluta: pelo suelto y liso, luciendo su característica melena.

Tras la ceremonia civil, tanto los novios como los invitados se dirigieron al Gran Hotel La Florida, un espacio junto al Tibidabo en el que los 200 invitados disfrutaron de un banquete en el que había participado el chef Nandu Jubany. La tarta de bodas era obra del cocinero Ramón Freixa.

Clará manifestó su serenidad frente al enlace: “Estoy muy tranquila. Los nervios se acabaron en el momento en que tomé la decisión de casarme. Ahora, a disfrutar del día con mi familia y la gente que nos quiere y a la que queremos. Estoy muy contenta y mi hijo Daniel será mi padrino”. Del traje no quiso desvelar nada: “Es el secreto de todas las novias, aunque estoy un poco asustada por la expectación. No he tenido ninguna duda a la hora de saber lo que quería ponerme ese día. Es el diseño más fácil que he hecho, porque conozco mi cuerpo y sé lo que me sienta bien y lo que no. Además, tengo cincuenta años y no me voy a vestir como si tuviera veinte. A mí me encanta y creo que va a gustar mucho”, aseguró.

Para ella, casarse a los 50 años ha sido una decisión “meditada, analizada en todas los aspectos y, por supuesto, madurada. Es lo bueno que tiene tener la edad que tengo, que no hay lugar para las improvisaciones”.